Hay tantas cosas que duelen, tantas cosas que angustian y que dan ganas de decir 'basta' y renunciar a la vida misma. Que feo saber no querer vivir. No querer seguir. Que feo es sentir que no se puede querer sin frialdad, que todo es una rutina constante de la que no se puede escapar. Pero que lindo es saber que lo feo de hoy fue lo más lindo de ayer, y que toda rutina puede ser modificada con un poco de voluntad. Es extraño pensar que todo lo malo sirve para ser convertido en algo bueno, pero realmente todo funciona así. De lo malo se aprende y no hay que saber mucho para comprenderlo. Las paredes, están hechas para que simplemente nos choquemos con ellas mil veces y cuando las volvamos a ver...recordemos por qué estamos a punto de estrellarnos y que lo hagamos significa que queremos caer para levantarnos, porque quedan motivos, buenos o malos pero los hay. Porque esos motivos nos llevan a luchar por lo que es nuestro, por el cuerpo y el alma que parecen siempre estar en juego. Para hacer grandes cosas en la vida, uno necesita tener algo que cambiar. A veces, es mejor pensar que las cosas malas suceden en la vida para que las cambiemos que, el hecho de que vivamos de cosas buenas para quedarnos con lo fácil y accesible. Hay que arriesgarse para ganar, aunque ello conlleve el riesgo de perder.
Tengo ganas de vos, de mí, de nosotros juntos. De escucharte hablar, de ver tus palabras tatúandose en mi piel, de...quererte y de que me quieras. Ojala pudiese contarte que te extraño y que te necesito más que a mi cuerpo y mi propia vida. Me quedo mucho tiempo, frente a la pantalla, intentando escribir las palabras correctas...intentando despedirme de vos. Decirte adiós es lo más complicado que puedo haberme pasado. Lo intento ¿sabés? pero parece que no es lo que tiene que suceder o, no lo que quiero y elijo que suceda. Se que si me quedo a tu lado, voy a sufrir el miedo y probablemente te pierda por ello, por el mismo miedo a perderte. Lo irónico es que no tenes ni idea de todo esto, de la existencia de estas cartas y de todo lo que generas en mi...toda una corriente electrica que me matiene con energía y otras veces, me descarga por completo dejandome con sólo mi llanto a la deriva. Cada vez que eso sucede, que me quiebro ante tu poca nosión de lo que sucede, me pregunto por qué me quedo viendo llover por algo irreal e irracional. ¡Lo nuestro nunca fue!. De hecho, nunca fuimos 'nosotros'. Comparto con vos tantas cosas...o a veces siento eso...pero cuando me quebrás sólo me las ingenio para alejarme lo más que puedo de vos y aunque no me sale, tus palabras me duelen el doble de lo que las heridas causadas por el filo de algún vidrio pueden llegar a lastimar, las heridas simulan ser tan profundas que me quedo viendolas desangrar con nostalgia porque cada gota de sangre es un poco de mi amor por vos, perdiéndose en la nada. Tus palabras me vacían cuando las dices con odio y un recentimiento que no comprendo ni me dejas comprender, suelen dejarme sin respiración y a veces...me hacen creer que voy a morir en tu cielo y si tus palabras significan eso, nunca dejes de hablarme.
Esta situación me ha superado por completo, tu me superaste. No puedo hacer nada para que me veas, para que me quieras, para que me necesites como lo hago yo, para que me hables y me confies como siempre me pediste que lo hiciera. Me cansé, agotaste en mi ese pequeño puñado de esperanza que creía poseer. Siempre voy a estar para ti antes que para cualquier otra persona pero ya no voy a ir corriendo a tus brazos como acostumbro, ya no voy a darte todo de mi, ya no creo que pueda porque es colocar esperanzas donde no las hay. Esperar por tu amor es como esperar que llueva en una sequía, que haga frío en verano, que las hojas no caigan en el otoño y que las flores no florezcan en la primavera. Si quieres algo, búscalo, búscame si me quieres pero no pretendas que yo lo siga haciendo. Un nuevo juego ha acabado.
Me pregunto si acaso te interesara cómo estoy, aunque a decir verdad hasta a mi me da igual. En estos entonces, te escribo este estilo de carta patética para no sentirme tan sola y dejada, porque me duele no tener con quien hablar y encontrarme soñando pesadillas que nadie puede calmar. Me agarada escribirte porque es como sentir tus manos protegiendo mi alma frágil, tus brazos adorados alrededor de mi temeroso cuerpo, preocupado por el mañana, por el anochecer que trae consigo la noche y la eterna oscuridad. Siempre fui de creer tus absortas palabras, era tu fan número uno, creyente de la religión que profesaba tu vida para mí. Te dejé irrumpir mi aburrida aunque tranquila existencia. En algún pasado, nunca necesité preocuparme por el mañana, siempre supe que todo seguiría en su lugar, esperándome o simplemente, amenazándome. Antes lo único que importaba era mi rutina. Definitivamente sos el adereso que le da un poco de gusto a mi vida aunque muy seguido (por no decir a diario) me pregunto si mi nombre apenas llegará a colarse en tu reservado menú. Mi problema se reduce a que te quiero sin presedentes ni limitaciones, cuando en verdad no debería de hacerlo pero, querer no es un deber, y creo que aquello es todo lo que necesito para soportar tus reiteradas ausencias, tu orgullo y tu cobardía asaltandome desprevenida. Lo que me tiene con vos, es eso, lo mucho que adoro que vivas y que haya tenido la suerte de haberte conocido. Es importante que lo sepas, hay cosas que no suelo decir pero que mi corazón siente constantemente, como todo esto que escribo acá. No te olvides, estamos unidos por algo que va más allá del destino y de lo que los demás quieran o piensen...amor.



