Me gusta cuando tienes pesadillas. Me gusta la forma de contracción de tus parpados, la forma en la que agarras la almohada y gimes un poco. Me encanta ver tu respiración acelerarse y luego, lenta como la pesadilla viene y comienza a desvanecerse. Por encima de todo, me gusta la emoción de salir de tu habitación justo antes de que te despiertes gritando, y que mires alrededor, preguntándote que o quien podría haber estado allí, en la oscuridad.