Era el momento perfecto para plasmarnos un beso en los labios mutuamente, nos encontrábamos en silencio, observando la multitud, aferrados uno al otro como si nos conociéramos de toda la vida, no quería soltarte por ningún motivo, en ocasiones podría ver de reojo como me observabas mientras yo aparentaba estar distraída, y cuando finalmente nuestras miradas chocaban, no podía evitar aquella risa intimidante que tu mirada penetrante me transmitía. Hasta que finalmente, después de aguantar las ganas durante varios minutos, ambos sin siquiera a verlo planeado, nos acercamos y nos besamos apasionadamente. El momento había llegado.